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El alcohol y sus efectos en la salud en entornos urbanos

por | Ene 30, 2024 | Blog

En muchas ocasiones no nos damos cuenta de la manera en la que actuamos porque estamos acostumbrados a vivir en un determinado entorno y no nos paramos a replantearnos las cosas como es el consumo de alcohol.

Por ejemplo, el simple hecho de vivir en la ciudad hace que haya más posibilidades de tener un determinado hábito que si se si vive en un entorno rural. Ocurre con el consumo elevado de alcohol.

Según un proyecto llevado a cabo por la Social and Cardiovascular Epidemiology Research Group titulado Heart Healthy Hoods, las características específicas de las ciudades, sociales y físicas, provocan que bebamos demasiado. Entre estas características de las ciudades, destacan la disponibilidad, es decir, hay muchos sitios donde poder comprar y con precios asequibles; la publicidad y el marketing y la visibilidad de su consumo en la vía pública. Por ejemplo, en Barcelona hay 8,18 lugares donde comprar alcohol y 7,59 elementos de publicidad de alcohol por cada 1.000 habitantes. 

Así, el alcohol en nuestras vidas está tan normalizado que hasta se ha convertido en algo fundamental para socializar. Forma parte de nuestra cultura y en todos los grupos de edad está presente. Es la sustancia psicoactiva y adictiva más consumida en nuestro país, tanto en población adulta como en jóvenes, seguida del tabaco: según el informe nacional EDADES de 2022, el 93,2% de la población de 15 a 64 años afirma haber consumido bebidas alcohólicas en algún momento de su vida.

Más alcohol, más enfermedades crónicas no transmisibles

Por eso, es importante recordar los efectos nocivos del alcohol. Es uno de los principales factores de riesgo de muerte prematura. Se ha relacionado con más de 200 problemas de salud y además se ha demostrado que no hay ningún de nivel de consumo seguro. También es, junto al tabaquismo, la mala alimentación y el sedentarismo, uno de los cuatro factores principales de la morbilidad y mortalidad por enfermedades crónicas no transmisibles.

Muchos estudios lo corroboran, como el reciente Alcohol-related mortality in four European countries: A multiple-cause-of-death study. Este afirma que el impacto de las afecciones que contribuyen parcial o indirectamente a la mortalidad relacionada con el consumo de alcohol suele subestimarse. Por ello investigaron todas las causas subyacentes y múltiples de muerte relacionadas con el alcohol y compararon las distribuciones de la mortalidad en países con diferentes niveles y patrones de consumo de alcohol en personas de 20 años y más. Los países de estudio fueron Austria, Chequia, Polonia y España.

Los resultados fueron que la mortalidad por causas múltiples osciló entre 20 y 58 muertes por 100.000 para los hombres y entre 5 y 16 por 100.000 para las mujeres. Las enfermedades hepáticas fueron las causas subyacentes y múltiples más frecuentes, pero los trastornos mentales y del comportamiento fueron las segundas o terceras, según el país y el sexo.

Otro estudio llevado a cabo en Estados Unidos concluyó que cada año hay más de 140.000 muertes por causas relacionadas con el consumo en exceso de alcohol.  Esto lo convierte en una de las principales causas prevenibles de muerte en los Estados Unidos, detrás del tabaco, la mala alimentación y la inactividad física, y las drogas ilegales.

Las muertes relacionadas con el alcohol aumentaron

Además, un análisis de los certificados de defunción de 2019 y 2020 mostró que las muertes relacionadas con el alcohol subieron de aproximadamente de 79.000 a más de 99.000. Este es un aumento del 25.5%. Entre 2015 y 2019, las principales causas de muertes atribuibles al alcohol por afecciones crónicas en los Estados Unidos fueron las enfermedades del hígado (por ejemplo, enfermedades del hígado asociadas con el alcohol y cirrosis hepática no especificada), las enfermedades cardiovasculares, los cánceres de diversos tipos (por ejemplo, de órganos de las vías respiratorias y digestivas superiores, de hígado, de colon y de mama) y el trastorno por consumo de alcohol.

¿Qué políticas se pueden llevar a cabo para reducir el consumo de alcohol?

Por todo esto, es importante aplicar políticas públicas para reducir su consumo, como, por ejemplo, poner impuestos elevados sobre el alcohol y poner precios mínimos o precios unitarios mínimos (fijación de un precio mínimo para las bebidas alcohólicas en general o para una determinada cantidad de alcohol puro, respectivamente).

Según otro estudio, se ha demostrado que los cambios en los impuestos sobre el alcohol se asocian inversamente con el consumo, lo que sugiere una reducción media del consumo de alcohol del 10,8% durante el primer año de un aumento de los impuestos del 100%.

También los profesionales sanitarios podemos hacer algo para intentar concienciar a la población sobre los efectos nocivos del alcohol: comunicar muy bien los resultados de todos los estudios disponibles. Con datos, se puede persuadir mejor.

Pero, ¿qué podemos hacer los profesionales de la salud para ayudar a las personas que ya han caído en un consumo más que excesivo del alcohol y tienen problemas para controlar su adicción? Tenemos que conseguir que las personas adictas al alcohol hablen con naturalidad de sus problemas sin sentirse juzgadas. Para ello es fundamental la empatía. Cuanto más transmitan lo que les sucede, más posibilidades hay de que se recuperen.

¿Qué responsabilidad individual tenemos?

Y no solo los profesionales sanitarios, ¿Tiene la sociedad alguna responsabilidad en este sentido? Leyendo sobre el tema, encontré a Betty Ford, la primera dama alcohólica que abrió clínicas de rehabilitación para mujeres. Entró a la Casa Blanca tomando analgésicos opioides recetados para los fuertes dolores de espalda que sufría, pero su adicción a las drogas y al alcohol se agravó en los siguientes años, según contó ella misma en su autobiografía.

Una investigación llevada a cabo en Estados Unidos afirmó que la prevalencia de haber comentado alguna vez el consumo de alcohol con un profesional sanitario fue del 15,7% entre los adultos estadounidenses en general, del 17,4% entre los bebedores actuales y del 25,4% entre los bebedores compulsivos.  Sólo uno de cada seis adultos estadounidenses, incluidos los bebedores compulsivos, informó haber discutido alguna vez el consumo de alcohol con un profesional de la salud.

En resumen, está claro que tenemos que llevar a cabo campañas de comunicación y tomar medidas, tanto públicas como desde el sector de la sanidad, para concienciar a la población de que el alcohol es más peligroso de lo que parece.

Bibliografía consultada

  1. Sureda, X y otros. (2019) Alcohol in the city. The HHH study.
  2. Fihel, A y otros (2023) Alcohol-related mortality in four European countries: A multiple-cause-of-death study.
  3. NIH (2023) Emergencias y muertes relacionadas con el consumo de alcohol en los Estados Unidos.
  4. Kilian, C. (2023) Reducing alcohol use through alcohol control policies in the general population and population subgroups: a systematic review and meta-analysis.
  5. McKnight-Eily, L. y otros (2014) Vital signs: communication between health professionals and their patients about alcohol use–44 states and the District of Columbia.
  6. Betty Ford, la primera dama alcohólica que abrió clínicas de rehabilitación para mujeres. El Pais

2 Comentarios

  1. Begoña Revuelta

    Hola Pedro.
    Yo tengo 61 años y recuerdo que, durante mi infancia y adolescencia, en casi todos los hogares existía «el mueble bar» era casi, casi un altar, nos estaba prohibido tocarlo, lo que lo hacía aún más deseable, muchos de mis compañeros empezaron a beber en sus propias casas, cuado los padres salían . Afortunadamente, ahora no se ve ese mueble aunque sigue siendo muy accesible.
    Un abrazo y gracias.

    Responder
    • Pedro Soriano

      Claro, aquí tienes una respuesta sugerida para el comentario dejado en tu blog:

      ¡Hola!

      Muchas gracias por compartir tu experiencia y reflexiones. Es fascinante ver cómo han cambiado los tiempos y con ellos, nuestras costumbres y percepciones sobre hábitos como el consumo de tabaco y alcohol. Lo que mencionas sobre «el mueble bar» en los hogares es un claro ejemplo de cómo algo que era considerado casi un símbolo de estatus o una tradición familiar, con el tiempo, ha ido perdiendo presencia en nuestros hogares, reflejando un cambio en la actitud social hacia el consumo de alcohol.

      Es cierto que, aunque la visibilidad de estos «altares» del alcohol ha disminuido, el acceso sigue siendo relativamente fácil, lo que nos lleva a reflexionar sobre la importancia de la educación y la concienciación sobre los riesgos asociados al consumo de alcohol y tabaco, especialmente entre los más jóvenes.

      Muchas gracias por pasarte por aquí a comentar y a reflexionar 🙂

      Responder

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